
Pablo no había podido evitar observar aquella mujer, nadie abría podido hacerlo. Aquella joven tenía un rostro angelical, el cual relucía en medio de una larga cabellera color castaño. Poseía una de las miradas mas profundas, unos ojos azules, de ese azul que tiene el mar. Igualmente tenía unos labios exquisitos, carnosos y rosados, esos labios que cualquier hombre desearía besar.
Pero lo que más llamaba la atención era aquel singular caminar, aquellos movimientos que parecían ensayados, como si intentara danzar en medio de la multitud. En busca de algo o alguien.
Pablo había quedado fascinado al ver aquella espectacular mujer, no podía evitar sentir aquella extrema atracción hacia ella, pero en el fondo el sabia que nada podría ocurrir entre ellos, que vivían en mundos muy diferentes, aunque algún día llegaran a amarse, eso no funcionaria.
De repente aquella joven volteo y fue entonces cuando sus miradas se cruzaron, ella sonrió, tenia una sonrisa hermosa, el se había quedado inmóvil, sin saber que hacer. Cuando por fin reacciono ella se aproximaba hacia el.
- Te he observado a lo lejos, sabes tienes una mira muy especial – Pablo no podía si quiera responder, las palabras se habían desvanecido en el viento.
- Me llamo Lulú
- Soy Pablo
- Es curioso, esperaba que te llamaras así
- Esto no funcionara
- No te adelantes, simplemente déjate llevar
- Es difícil cuando se vive con miedo
- El miedo es algo sombrío, algo que no puede vivir en ti
- No entiendo
- No te preocupes pronto sabrás de que hablo, solo recuerda que tu eres mi buscador de ilusiones

