
De buena gana no se hubiera dejado seducir pero su perfume la embriagaba con una sutileza arrebatadora, el contacto con su piel no hacía más que envenenar sus sentidos y la elegancia de sus palabras la llevaban a volar en otra dimensión.
Quería creer ciegamente en que él no era lo que las voces susurrantes le decían. Suena patético, pero ella lo sabía, solo que no quería verlo. Prefería tapar el sol con un dedo o mejor dicho eclipsarlo.
Quiso pensar que esa situación no era nada más que una dádiva, algo compasivo. Que eso era una relación sin sudores ni piel. Estúpida inocencia la suya. Le creyó cuando dijo que se había enamorado de ella. Y todavía más cuando le dijo “te amo” con ese tono sincero y seductor que solo el poseía.
Pero también en esto se engañaba.
I’m addicted to you