Los mejores recuerdos los guardo en una sonrisa, una mueca que era capaz de subdividirse en un millón de sonrisas derrochadas a lo largo de su vida. Las malas experiencias, esas ni si quiera las contaba, tal vez hasta ya las había olvidado.
Hoy era su cumpleaños y lo recordaba con una sonrisa, una expresión que mostraba más que un memoria, más que una simple nostalgia en un frío diciembre, mucho más que una palabra olvidada en una noche de luna llena, este gesto no era más que una muestra de un simple sentimiento que aun latía en su interior que no poseía nombre pero que aun sentía. Tal como el aire que respiraba todos los días.

¡Feliz Cumpleaños Anónimo!